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HISTORIA RECIENTE

EL HURACÁN MITCH RETRASÓ EL DESARROLLO

Una de las terribles consecuencias del fenómeno natural fue la alteración de los cauces naturales con la consiguiente deforestación, la destrucción de cultivos esenciales en la economía del país aparte de lo más importante, la pérdida de vidas humanas, próximas a los diferentes cauces de las zonas afectadas.
 
 
   
A pesar de los siete años transcurridos desde la tragedia del Mitch la fisonomía de Honduras y de su capital en particular sigue siendo de lomas y colinas de chabolas dispersas (construcciones de tablas y chapas en zonas altas por miedo a nuevas inclemencias devastadoras). El verde y el gris se funden en las vistas del contorno metropolitano y dan imagen de una ciudad como en permanente repoblación y estado seminómada. La reparación del tremendo huracán sigue en marcha a paso lento y con todavía huellas visibles en muchas zonas del país. No podemos olvidar que un tercio de la población fue damnificada por tan cruento acontecimiento.
  

LA INFANCIA QUE SUFRE NO PIERDE LA SONRISA

En aldeas como la de San José (Opatoro Norte-Departamento de la Paz) las niñas y niños viven en un medio agrícola muy lejos de las posibilidades de educación primaria. Los pocos que tienen esa oportunidad con programas como el de MAESTRO EN CASA (programa nacional auspiciado por la FUNDACION ACOES) han de hacer largas caminatas-algunas veces descalzos- a las cinco y media de la mañana para llegar hora y media después a las pocas escuelas rurales sin apenas medios que hay casi amaneciendo y para regresar repetir la aventura en dirección contraria antes de anochecer.
Muchos desde temprana edad compatibilizan los estudios con el duro trabajo del campo, en especial, el de los maizales sin ningún tipo de mecanización.
Su dieta básica es de frijoles, tortillas de maíz y un cuenco de arroz. Su futuro empieza y termina en los mares amarillos. Es habitual que sean zonas de falta de agua corriente y luz eléctrica por lo que las dificultades son mayores para la higiene y una mínima calidad de vida. Las niñas desde preadolescentes tienen familias numerosas y su relación con la ciudad es escasa.
El transporte es colectivo muy poco organizado por caminos de muy difícil acceso.
 
 
   

A pesar de las terribles dificultades la sonrisa en los niños es frecuente. Su espíritu alegre y deseoso de crecer y conocer les hace muy sociables y acogedores. En las peores circunstancias su fe, esperanza y cariño llegan fácilmente a todos los que les visitamos. Dentro de su falta de madurez por la edad, la dureza de sus vidas les hace medir mejor lo poquísimo que tienen o que puedan recibir y adquirir pronto un sentido de sacrificio y superación encomiables, impropios de nuestro primer mundo. Desde muy pequeños adquieren la gran responsabilidad de compartir la tarea de conseguir los mínimos ingresos necesarios para comer algo cada día y repartirlo con sus madres-cocineras- y hermanos más pequeños, ante la casi inexistente figura paterna. Las pulperías (ver foto) son las tiendas de comestibles en las que se suela comercializar los productos, los cuales están al alcance de muy pocos por lo que se desarrollan algunos proyectos piloto de cooperativas para reducir los precios y crear una conciencia del precio justo en medio de tanta pobreza en algunos núcleos especialmente desfavorecidos.

  

HONDURAS HOY

LA COCINA TRADICIONAL SIGUE SIENDO DE SUBSISTENCIA PARA TRES CUARTAS PARTES DE LA POBLACION

Las manos blancas, mestizas o negras de tantas mujeres: abuelas y madres son algunas de las grandes fuentes familiares de subsistencia. Cada día amasan harina de maíz para hacer y vender sus deliciosas tortillas. Suelen ser esos pocos lempiras el único ingreso con el que muchas familias numerosas, en especial, en las grandes capitales permitirán no morir de hambre a miles de niñas y niños hondureños. La cocina tradicional sigue siendo el sustento básico de más de tres cuartas partes de la población.
 
 
   
La cal, el fuego de ramas que rodean todas las casas en cualquier colonia urbana o zona rural con, normalmente, una plancha de hierro suelen ser esas mágicas cocinas tradicionales donde la gastronomía hondureña se perpetúa y su gente combate, a duras penas, sus grandes necesidades.
  
 
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